Shalom desde Israel.

Hoy quiero llevarlos conmigo a Tel Hazor, en el norte de Israel. Y antes de subir hasta la parte más alta, quiero detenerme un momento aquí abajo, porque desde este punto podemos entender algo extraordinario de este lugar.
Cuando miramos hacia arriba, todo lo que vemos fue construido comenzando aproximadamente desde el nivel donde nos encontramos. Esto es un tel: una elevación formada a lo largo del tiempo por ciudades construidas una sobre otra. Una ciudad desaparecía o era destruida y, con el paso de los años, otra volvía a levantarse sobre sus restos.
Por eso, cuando caminamos por Tel Hazor, estamos literalmente caminando sobre capas de historia.
Y Hazor tiene mucho que mostrarnos.
De la época de Salomón a una ciudad todavía más antigua
Mientras subimos encontramos una de las estructuras más conocidas de Tel Hazor: una puerta de seis cámaras que ha sido fechada en el siglo X a. C. y tradicionalmente relacionada con la época del rey Salomón.
Pero aquí comienza una de las partes que más me impresionan de Hazor.
Porque podemos seguir retrocediendo.
Debajo de los restos del período israelita encontramos una ciudad cananea mucho más antigua. Es decir, en cuestión de unos pasos podemos pasar de estructuras relacionadas con la época de Salomón a restos de una ciudad que existía cientos de años antes.
Y entonces comenzamos a comprender realmente las dimensiones de Hazor.
Frente a nosotros aparecen los restos de un enorme palacio cananeo. Todavía podemos observar partes de la estructura e incluso el piso original.
Cuando uno está allí y mira hacia el otro lado, donde el palacio continuaba, empieza a darse cuenta de su tamaño. No estamos hablando de una construcción pequeña ni de unas cuantas piedras que sobrevivieron al tiempo. Estamos frente a los restos de una ciudad de enorme importancia en esta región.
Eso es algo difícil de transmitir solamente con fotografías.
Hay que estar allí, caminar entre las estructuras y mirar las distancias para empezar a imaginar cómo era este lugar.
Hazor en la Biblia
Para quienes conocemos el relato bíblico, el nombre Hazor inmediatamente nos lleva al libro de Josué.
En Josué 11:10-13, Hazor aparece como una ciudad central en la campaña de Josué en el norte. El relato bíblico habla de su conquista y de su destrucción por fuego.
Y aquí ocurre algo muy interesante.
Entre los restos arqueológicos de Hazor se encontraron evidencias de una destrucción mediante un incendio de enorme intensidad. En algunas zonas todavía pueden observarse las huellas de aquel fuego.
La arqueología confirma que hubo una gran destrucción por incendio, aunque la relación exacta entre esa destrucción y el relato de Josué continúa siendo estudiada y discutida por los especialistas.
Para mí, esa distinción es importante.
Cuando visitamos los lugares bíblicos de Israel no necesitamos exagerar lo que estamos viendo. La realidad del lugar ya es suficientemente impresionante.
Tenemos delante una ciudad mencionada en la Biblia, restos de diferentes períodos de su historia y evidencias arqueológicas de una enorme destrucción.
Y podemos caminar entre ellos.
Dentro del antiguo palacio de Hazor
Al continuar por el área cananea llegamos a una parte del antiguo palacio.
Aquí todavía puede verse su piso original.
Pensemos por un momento en lo que significa eso: no estamos viendo una reconstrucción moderna del suelo. Estamos observando parte del piso que perteneció a aquel antiguo complejo.
También encontramos un espacio utilizado para prácticas religiosas y sacrificios.
Algunas de las piedras más claras que hoy pueden verse fueron añadidas posteriormente para reforzar y conservar la estructura. Es importante señalarlo porque no todo lo que vemos actualmente pertenece necesariamente a la construcción original. Parte del trabajo realizado en el sitio tiene precisamente el propósito de proteger aquello que sí ha sobrevivido.
Lo mismo sucede con algunos muros.
Hay lugares a los que no podemos acercarnos porque las estructuras originales necesitan ser preservadas. Después de tantos siglos, nuestra responsabilidad es observarlas sin contribuir a su deterioro.
Las huellas del fuego
Hay un detalle de Hazor que puede pasar desapercibido si nadie nos lo señala.
En ciertas partes de las ruinas podemos distinguir zonas más oscuras relacionadas con el incendio que destruyó aquella etapa de la ciudad.
Cuando uno conoce el relato de Josué y después se encuentra físicamente frente a una ciudad antigua que efectivamente sufrió una destrucción por fuego, la visita adquiere otra dimensión.
No significa que debamos hacer decir a la arqueología más de lo que puede demostrar. Significa que ahora tenemos delante el escenario histórico y arqueológico de una ciudad que conocemos también por el texto bíblico.
Esa posibilidad de poner lugar, dimensiones y paisaje a los nombres que hemos leído tantas veces es una de las razones por las que recorrer Israel es una experiencia tan especial.
Pero Hazor todavía tiene otra historia que contarnos.
Desde Hazor podemos entender por qué todos querían este lugar
Muchos siglos después de la ciudad cananea, Hazor seguía teniendo una enorme importancia.
En 732 a. C., durante la expansión del Imperio asirio, la ciudad fue conquistada por las fuerzas de Tiglat-pileser III.
Para entender por qué, basta con levantar la mirada de las piedras por un momento.
Desde Tel Hazor podemos contemplar el valle que se extiende frente a nosotros.
Entonces la geografía comienza a explicarnos la historia.
Esta región estaba relacionada con importantes rutas que comunicaban el territorio con Damasco y con las tierras situadas más al norte. Controlar este punto significaba controlar un lugar estratégico de paso.
Leyendo una fecha en un libro sabemos que Hazor fue conquistada.
Estando aquí, mirando el valle, empezamos a entender por qué.
Y esa diferencia es precisamente lo que quiero que experimenten cuando vienen conmigo a Israel.
La Biblia cambia cuando conocemos su geografía
Tel Hazor nos permite recorrer en un mismo lugar diferentes momentos de una historia que abarca siglos.
Subimos por un tel formado por ciudades construidas unas sobre otras. Caminamos junto a una puerta relacionada tradicionalmente con el período de Salomón. Descendemos arqueológicamente hacia una ciudad cananea mucho más antigua. Entramos en los restos de su enorme palacio. Encontramos las huellas de una destrucción por fuego y, finalmente, levantamos la vista hacia el valle para comprender la importancia estratégica que Hazor conservaría siglos después.
Todo está allí, en un mismo lugar.
Por eso siempre digo que una cosa es leer la Biblia desde nuestra casa y otra muy diferente es venir a Tierra Santa y conocer su geografía.
Los nombres dejan de ser solamente nombres.
Hazor tiene una altura. Tiene un valle. Tiene puertas, muros, pisos y capas de ciudades que todavía podemos observar.
Y cuando conocemos el lugar, podemos regresar al texto bíblico entendiendo un poco mejor el escenario en el que se desarrolla.
Eso es lo que quiero mostrarles cuando recorremos juntos Israel.
No solamente las piedras.
Quiero que podamos mirar esas piedras, mirar el paisaje, abrir la Biblia y entender por qué este lugar tiene una historia tan extraordinaria.
Shalom desde Tel Hazor.
Recorre Tel Hazor con Gershon y descubre las capas de una antigua ciudad bíblica, desde el período cananeo hasta Salomón y la conquista asiria.